eLa misma historia, la crisis que España arrastra desde el año 2007. Todos y cada uno de los habitantes de nuestro país en mayor o menor medida la conocemos de primera mano. Aun así, el gobierno prevé una pronta recuperación. Más de 6 millones de puestos de trabajo destruidos y con ello, la vida de muchas personas. Con una de un 26,4% de paro ¿Qué tipo de recuperación cabe esperar? ¿Cómo está afectando al mercado laboral? Por supuesto, negativamente.
Actualmente, conseguir un puesto de trabajo entre tanta demanda laboral es casi un lotería. Pese a ello, no hay que perder la esperanza, es posible conseguir ese puesto de trabajo. Lo innoble viene después. Los empresarios, conscientes de la necesidad de trabajo y de la escasa oferta lo exprimen para su beneficio propio. Estamos hablando de llegar a tener que renunciar a derechos laborales que tanto esfuerzo y sacrificio costaron a nuestras generaciones anteriores. Entre ellos, aceptar trabajar mucho más de la jornada laboral en condiciones que resultan imposibles dados los tiempos actuales. Es como si nos hubiésemos retrasado en el tiempo hasta llegar a La Primera Revolución Industrial. El hombre sometido nuevamente a un empresario déspota y atado a una máquina la cual suple tu labranza. Aceptar trabajar sin descanso porque “tu jefe te paga por horas no por descansar” y por ello, no tiene por qué pagarte tu derecho a descanso cada tantas horas trabajadas. Aceptar trabajar a destajo sin tu derecho a comer, por lo que tú llegas después de la jornada a tu casa agotado y hambriento, pero al abrir el frigorífico recuerdas por qué lo sigues tolerando. Hemos renunciado a las horas extraordinarias, porque ya no se consideran para el empresario horas extras, sino “horas de tu contrato no declaradas”. Pero no puedes hacer nada en contra de ello, ¿Quién te va apoyar en tu lucha?, Todos y cada uno de los trabajadores pretenden conservar su puesto y para demostrar esas arcaicas condiciones laborales necesitas lo primero, dinero para abonar a un sindicato que te ayude y lo segundo un testigo, es decir un compañero de trabajo que quiera jugarse su puesto. Verdaderamente es una locura. Y que no se te ocurra preguntar por qué has cobrado una miseria después de horas y horas a destajo sin descanso, al día siguiente te encontrarás nuevamente en la cola del paro y afligido por haber pretendido reclamar tus derechos. Estrujan la situación hasta el punto de que tú mismo, sabido de tus derechos, te sientes mal por tener que reivindicarlos como si fueses un avaro, racionalizamos y finalmente no actuamos, “no merece la pena”, resolvemos. Por el contrario, tus círculos te responderán con el tradicional: “Por lo menos tienes trabajo”.
Pero, y ¿qué ocurre con los que ya sostienen un puesto de trabajo? También se han visto afectados y de qué manera. Han tenido que aceptar una reducción salarial por el mismo tipo de jornada a sabiendas que la empresa ha alegado futuras pérdidas cuando los pedidos en tu empresa no paran de llegar o que el propio trabajador observa que se vende incluso más que antes de la crisis. Con esta reforma laboral el derecho más grande que se ha conseguido es el “despido exprés” sin contar “la oferta laboral de lentejas, si quieres lo tomas, sino lo dejas”. Además si no lo aceptas tú, lo aceptara otro, más aun con 6 millones de personas que están detrás de ti esperando “como agua de Mayo” a recibir esa lotería.
El problema de todo lo generado es que ¿hasta cuándo vamos a seguir así?, una vez nos hayamos recuperado en España de esta crisis, ¿será posible volver a las anteriores condiciones laborales si ya hemos aceptado estas?, ¿qué tiene que ocurrir para que esto cambie?.
Para concluir, es lógico y normal que España este luchando “como perros salvajes” para mantener nuestros puestos de trabajo, detrás de cada trabajador llega a haber una familia entera, a veces hasta dos o tres que se mantienen a costa de ese escaso sueldo. Sabemos que son tiempos difíciles y que por otro lado, algunos empresarios realmente se han visto afectados negativamente. Sólo que, como en todas las crisis, siempre hay alguien esperando para sacar beneficio de todo ello y es ahí donde debemos centrarnos y dirigir nuestros esfuerzos en evitarlo. Hemos aceptado, acallado en todo. Y yo me pregunto, ¿dónde está el límite?s
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